En el jardín de mi casa he sembrado guanto, una planta de los dioses; un potente veneno o maravillosa medicina dependiendo cómo se use, pues contiene digitalina que puede paralizar el corazón o favorecer el sueño con un pétalo bajo la almohada. También es alma y espíritu compañero de la humanidad, pues el guanto aleja las malas energías y protege la salud en la casa.
Esto es precisamente lo que hace una planta compañera en el huerto.
Puede matar o curar dependiendo de la dosis aplicada, y ésta no necesariamente se expresa en un “biol” o como una infusión para controlar plagas indeseables, sino por su sola presencia.
Las flores llamadas capuchinas alejan las plagas de las tomateras cuando se siembran juntas; el llantén a distancia prudencial de las coles elimina los gusanos que devoran sus hojas; las zinnias alejan a los pulgones negros para siempre y su aroma mantiene a salvo al brócoli y a los nabos.
En el imaginario popular el San Pedro protege la casa, y su espíritu pone las noches de sueño a salvo de merodeadores. Esta idea esperanzadora obedece a que nuestra relación con las plantas es profunda, al igual que el vínculo de ellas entre sí.
Sin duda, las mejores compañeras en el huerto son las plantas medicinales, las malas hierbas y las flores.
El clavel mejora la productividad de los limones.
La caléndula protege a los pepinos con su aroma, de modo que no habrá gusano cerca mientras ésta florezca.
La consuelda mayor es fiel compañera de las lechugas y el ajenjo ubicado en una ladera con papas elimina los gusanos que se las comen.
Lo mismo hacen sobre el maíz las hojas de la higuerilla, los rábanos silvestres y el llantén.
Cierto es que una infusión de ajos mata los temibles pulgones, pero es mejor si lo sembramos junto a los tomates o en medio de los cítricos y otros frutales.
Aleja los chinches con frambuesas cerca de las plantas de achogcha o los tomates de árbol.
La próxima vez que siembres algo en tu huerto piensa qué planta compañera podrá cuidar tu cultivo principal de predadores.
Qué curiosa relación tenemos con las plantas, y qué impresionante vínculo logran ellas entre sí, cuando permitimos que se manifieste una abundante diversidad, añorada en sueños de épocas pasadas siendo habitantes de un bosque.







